martes, 30 de octubre de 2012

Mi historia de amor por la Medicina

Lo que voy a escribir es una historia de amor. Sí, lo sé. Soy muy pesada con las historias de amor, y diréis, pues bien podría esta chica hablar de otra cosa que no fueran melones y amores imposibles. Pero no lo puedo evitar, soy una romántica empedernida. Hasta cuando de hablo de melones suicidas soy una cursi sin remedio. Supongo que esto me pasa por haber visto tantas veces Blancanieves y la Bella Durmiente. Pero en fin, que me voy del tema.

Vamos allá.

La historia de hoy trata de un amor platónico que un día se hizo realidad. Mi amor platónico era la Medicina. Si habéis tenido un amor platónico, cosa que no dudo, sabréis que cuanto más tiempo persiste en nuestras mentes y cuanto más imposible es, más lo idealizamos, llegando incluso a convertirlo en una obsesión que no nos deja dormir tranquilos. Pues en mi caso, recuerdo exactamente en qué momento me enamoré de la Medicina, y fue la primera vez (creo) que entré en un hospital, a la planta de neonatología. Todos aquellos bebés amorfos, blanditos e indefensos (algunos demasiado indefensos...) metidos en incubadoras, con un montón de señores embatados procurando que aquellas personitas que habían llegado al mundo demasiado débiles pudieran convertirse algún día en hombres y mujeres perfectamente sanos. Esa escena despertó algo en mí. Así que, más o menos en ese momento decidí que, de mayor, yo también quería ser una señorita embatada. Me enamoré. Y esa idea, que comenzó a incubarse cuando todavía jugaba a cortarles el flequillo a las Barbies, fue tomando forma y fuerza con los años, hasta el día en que conseguí meter un pie en la carrera. Hasta entonces, como ocurre con todo amor imposible, hubo crisis, momentos en los que mi obsesión por la Medicina pasó a un segundo plano y fue sustituida por un efímero deseo de estudiar arquitectura (la culpa la tuvieron Los Sims), y algún que otro episodio de rebeldía del estilo de "necesito un año sabático". Pero cuando todo pasó, Medicina regresó como regresan todos los amores platónicos: con más fuerza que nunca.


En el momento en que mi ideal se convirtió en un sueño realizado, y ese amor imposible decidió darme una oportunidad, todo dejó de ser de color de rosa. Resulta que me di cuenta de que la Medicina no era llegar al hospital tras seis años paseando por la facultad, y ponerse una bata blanca para salvar a la gente. Para poder salvar a la gente hay que saber qué es lo que le pasa. Y a la gente le pueden pasar muchas, pero que muchas cosas. "Amiga, te esperan seis años sin levantar la cabeza de los libros". Bien. Hasta ahí todo fue relativamente fácil de asumir. Una carrera grande conlleva una gran responsabilidad. 

Lo peor vino cuando empecé a descubrir que mi amor platónico, aquel que tanto había admirado y ansiado conseguir, era en realidad un completo desconocido. Y es que cuando una relación tiene sus raíces en un amor platónico, lo primero que sientes es miedo y decepción, al comprobar que no estabas enamorado de algo real, sino de una falsa idea que se esfuma de golpe en el momento en que empieza a dibujarse la verdadera personalidad de quien estabas enamorado. Y las sospechas y los miedos se confirman cuando tu amor empieza a tratarte con frialdad. Así que, todo esto me llevó a la conclusión de que, tal vez esto era demasiado para mí, no estaba preparada para soportar el peso y la responsabilidad de una relación en la que todo el trabajo tenía que hacerlo yo y la Medicina no ponía nada de su parte. Toda la admiración que había visto en ella se había visto reducida a una ficción que quedaba ya muy lejos de la realidad. 

Tal vez estoy enamorada de un juego de niños... pero uno no puede permitirse el lujo de abandonar antes de tan siquiera intentarlo. Y en el fondo he podido darme cuenta de que, si la Medicina, con su lado bonito y su lado oscuro, no es el amor de mi vida, entonces no lo será ninguna otra carrera, ninguna otra profesión. Y cuando pienso en esta frase es cuando comprendo aquello que nos dijeron al entrar en la carrera, eso de que ser médico significa una vida entera de dedicación. Creo que todos los medicinos sabéis perfectamente de qué hablo...