domingo, 22 de enero de 2012

Cuestión de supervivencia


Voy corriendo tan rápido como mis piernas me lo permiten. No podría poner más empeño en huir, y no por gusto, creéme, porque estoy muy cansada. Nada me gustaría más que poder frenar mi carrera y tirarme al suelo a descansar. Algunos pensarán que derrumbarse es un acto de cobardía, pero en realidad, lo que para muchos significaría una derrota, para mí sería la más gloriosa de las victorias. Porque lo que ellos no saben, es que para poder pararme en seco antes habría tenido que recorrer innumerables kilómetros y sudar lo inimaginable, hasta conseguir alejarme de ti lo suficiente. Lo suficiente como para estar segura de que a esa distancia ya no podrás alcanzarme. 

Pero la realidad es que no puedo parar, porque te empeñas en perseguirme, y no te rindes hasta que consigues estirar el brazo y rozarme por la espalda. Cuando eso pasa, cuando estás justo detrás de mí, me resulta imposible no valorar tu esfuerzo. Porque si has corrido hasta adelantarme, debe de existir alguna razón, pienso. Será que te has decidido por fin a agarrarme y no soltarme, será que te lo has replanteado. Y entonces haces que me detenga, y me resulta inevitable dar media vuelta para comprobar que de verdad estás ahí...

Cuál es siempre mi sorpresa, cuando al girarme para recibirte con una sonrisa descubro que te has esfumado, vuelves a estar lejos, mirándome con tu pose triunfadora. No entiendo absolutamente nada, no sé cómo lo haces, ni por qué. Lo único que sé es que he vuelto a caer en la trampa ayudándote a conseguir precisamente lo que querías. Porque nunca pretendiste agarrarme del brazo. Solo querías comprobar que sigue bastando un mínimo esfuerzo por tu parte para que yo decida volverme y dártelo todo. Efectivamente, sigo estando ahí cuando tú quieres que esté. Enhorabuena. Lo has vuelto a conseguir. Pero me niego a consentir que sigas ganando una y otra vez. He intentado entender esto como un juego inofensivo, pero todo el mundo sabe que si uno empieza a jugar sus cartas demasiado en serio, deja de hacerle gracia cuando pierde.

Por eso, voy a darte la espalda, y aunque estoy agotada y no tengo ni fuerzas ni ganas de seguir con este pilla-pilla, no puedo desistir. Seguiré corriendo, y no me detendré hasta que la distancia sea tan grande que ya no pueda verte... Y, hazme caso, no me va a gustar buscarte y no encontrarte ni a lo lejos. Pero es una cuestión de supervivencia, o puede que de egoísmo. Todo sería mucho más fácil si pusieras de tu parte... Visto que no quieres andar conmigo, al menos estaría bien que colaborases... necesito que dejes de ejercer tu mínimo esfuerzo, que me dejes huir de ti. 

Por otra parte, tal vez nada de esto sea verdad, y quien corre tras de mí no es más que una ilusión, una sombra del verdadero tú creada por una mente fantasiosa que desea, sin saberlo, ser eternamente perseguida. Una sombra de alguien que no está jugando a nada. Tal vez... a quien le gusta jugar es a mí.

jueves, 19 de enero de 2012

Pesadillas

En momentos como éste, se está muy a gusto mirando a ninguna parte y sin pensar, ¿verdad? Te sientes protegido... Sabes que es absurdo, y que tarde o temprano tendrás que volver a centrarte en la realidad, por cruda que sea. Pero retrasas el momento, porque eres consciente de que cuando pongas tu mente en marcha de nuevo, empezarás a darle vueltas a todo y solo podrás pensar en una cosa: aquel peligro que ayer divisabas tan lejos, hoy se te ha echado encima. Se ha abalanzado sobre ti y no estabas preparado. Nunca se está suficientemente preparado. Y tú, que siempre habías creído que podías con todo, te sorprendes y decepcionas a ti mismo, sintiendo que no hay salida. No esta vez. Que lo único que puedes hacer a estas alturas es rendirte, reir por no llorar, y decir "otra vez será". Lo justificas con que estás cansado y ya no puedes dar más de ti... y tal vez sea verdad. Pero hasta las peores pesadillas terminan, la diferencia está en cómo las afrontamos cada noche.

Imagina que esta noche estás tratando de dominar a la más horrible de tus pesadillas. Imagina que tienes la elección de permitir que tu pesadilla te desvele aterrorizado, o seguir durmiendo, agitándote y sudando entre las sábanas. No será fácil, y mientras sigas soñando, seguirás teniendo la tentación de despertarte para acabar con todo de una vez, incluso sabiendo que cuando vuelvas a dormir, correrás el peligro de seguir soñando tu pesadilla justo por donde la habías dejado.Tal vez merece la pena aguantar, no despertar... pasar una noche agónica y despertar por la mañana, cuando todo haya acabado. A veces hay que mirar los peores momentos desde las perspectivas más optimistas. Así que, pensemos en esta pesadilla como un juego en el que solo hay una regla: no huir. Si consigues aguantar hasta que amanezca, habrás ganado.

(Editado)

domingo, 15 de enero de 2012

Me prometí que no iba a ver ni rastro del blog hasta después de los exámenes. Pero como esta vez voy bien de tiempo en eso que llaman estudiar, creo que puedo permitirme mis descansillos sin tener luego remordimiento de conciencia. Me siento orgullosa, esto no me había pasado nunca! 

Pues toca hablar de música, pero solo un poquito. Porque en realidad, la música es más bien la excusa que traigo para hablar de esta mujer:


Esta es Florence Welch, y desde hace poco más de una semana se ha convertido en uno de mis modelos de mujer a seguir, por llamarlo de alguna forma. No voy a contaros su vida (para eso está Wikipedia, por ejemplo) ni voy a hacer una crítica minuciosa de sus discos, que para eso ya están Pitchfork y otras páginas varias que saben (o de eso se las dan, je) más de música que todo bicho viviente.

En cuanto a los discos de su grupo, Florence and the Machine, haré algún comentario, ya que estamos...

El primero, Lungs, me llamó la atención por su portada cuando lo vi como novedad en una tienda de discos de Dublín, allá por 2009. Entonces estaban debutando y yo no tenía ni pajolera idea de quiénes eran, claro. Después de ese pequeño encuentro introductorio irlandés, el disco pasó totalmente desapercibido para mí, hasta que Internet volvió a llevarme hasta él por ¿casualidad...?

La primera noticia que tuve de Florence fue el videoclip de Rabbit Heart (Raise it up), y verlo fue lo que me enganchó desde el principio a este grupo. Desde el ritmillo bailón de la canción, hasta las imágenes del vídeo: musas, caballeros con sombrero, bosques con flores... Era todo muy fantástico, con detalles que recordaban a Alicia en el país de las maravillas, y yo diría que un poco al estilo Burton, que a mí taaanto me gusta. 



Aquí lo tenéis, por si no lo habéis visto todavía:

Gracias a ese videoclip engatusador me dispuse a oír el resto del disco. En general es bastante popero, podría sonar perfectamente en los 40 sin desentonar. Pero es un producto bien hecho y se nota. En concreto, lo del arpa es un punto a favor que da un toque muy feérico a las canciones y no se escucha todos los días, y la voz de la chica es tema a parte. Ah! Y tengo que decir que al escuchar My boy builds coffins se le caen a uno los palos del sombrajo. Estaba yo escuchando felizmente la canción cuando me dio por fijarme en la letra. Cuando vi lo que decía esta estrofa y descubrí qué narices significaba la palabra coffin, fue como si me hubieran dado un sartenazo en la cabeza:

My boy builds coffins, he makes them all day.
But it's not just for work, and it isn't for play.
He's made one for himself,
one for me too,
And one of these days he'll make one for you.

El segundo disco lo he escuchado recientemente,  poco y mal (en exámenes puedo permitirme algún lujo, pero no todo puede ser ocio), así que puede que sea un poco pronto para juzgarlo. De momento las dos únicas canciones que me han gustado sustancialmente son No light, no light y What the water gave me. Ojo, que son sólo dos, pero no por ello me han gustado poco. 

Lo bueno que he sacado de este disco es que me he puesto a investigar un poco más sobre Florence, y de ahí viene el motivo por el que estoy escribiendo esto. Y diréis: ¿Qué es lo que tiene esta mujer, a parte de un color de pelo con el que pocos se atreverían a salir a la calle? Pues entre otras cosas, precisamente eso: tiene lo que hay que tener para ser como a uno le da la gana y sin dar cuentas a nadie.

Su peculiar estilo de vestir es la primera cosa que me llama la atención, y que me encanta. Esta tía se lo pone todo, no tiene un estilo restringido ni hace ascos a nada. Desde luego se ve que le gusta bastante llamar la atención (y yo creo que salta a la vista solo con mirar su melena colorá). No es una chica sencilla, pero tampoco llega al límite de lo estrambótico, solo se acerca lo justo y necesario para ser original, lleve lo que lleve puesto. Ser capaz de crear looks y de combinar armónicamente cualquier cosa, de maneras que a nadie se le hubiese ocurrido, eso es tener estilo! Bueno, cualquier cosa cualquier cosa... tampoco. Que no creo que la chica sea fan del mercadillo precisamente...



La segunda cosa que convierte a esta chica en protagonista de esta entrada, es su voz. Me resulta gracioso ver cómo presenta las canciones que va a interpretar, con una vocecilla que parece que se va a romper... y cómo luego esa vocecilla débil se convierte en una fuente de sonido impecable cuando empieza a cantar. Lo más curioso es que su voz tampoco es nada del otro mundo, si la comparamos con la de Adele, por ejemplo, ahora que está tan de moda. Se podría decir que es una voz del montón (pero del montón bueno, eso sí). Es más, me he dado cuenta de que canta los tonos altos con voz de falsete, pero lo hace con tanta sutileza y elegancia que hasta queda bien! La única cualidad que tiene es, quizás, una potencia y fuerza ilimitadas, un no miedo a desafinar, y una capacidad tremenda para transmitir energía cuando grita mirando al cielo. 


Por último y para despedirme hasta nosecuándo, os invito a que disfrutéis de este acústico en directo de What the water gave me. A mí me pone los pelos de punta.