jueves, 19 de enero de 2012

Pesadillas

En momentos como éste, se está muy a gusto mirando a ninguna parte y sin pensar, ¿verdad? Te sientes protegido... Sabes que es absurdo, y que tarde o temprano tendrás que volver a centrarte en la realidad, por cruda que sea. Pero retrasas el momento, porque eres consciente de que cuando pongas tu mente en marcha de nuevo, empezarás a darle vueltas a todo y solo podrás pensar en una cosa: aquel peligro que ayer divisabas tan lejos, hoy se te ha echado encima. Se ha abalanzado sobre ti y no estabas preparado. Nunca se está suficientemente preparado. Y tú, que siempre habías creído que podías con todo, te sorprendes y decepcionas a ti mismo, sintiendo que no hay salida. No esta vez. Que lo único que puedes hacer a estas alturas es rendirte, reir por no llorar, y decir "otra vez será". Lo justificas con que estás cansado y ya no puedes dar más de ti... y tal vez sea verdad. Pero hasta las peores pesadillas terminan, la diferencia está en cómo las afrontamos cada noche.

Imagina que esta noche estás tratando de dominar a la más horrible de tus pesadillas. Imagina que tienes la elección de permitir que tu pesadilla te desvele aterrorizado, o seguir durmiendo, agitándote y sudando entre las sábanas. No será fácil, y mientras sigas soñando, seguirás teniendo la tentación de despertarte para acabar con todo de una vez, incluso sabiendo que cuando vuelvas a dormir, correrás el peligro de seguir soñando tu pesadilla justo por donde la habías dejado.Tal vez merece la pena aguantar, no despertar... pasar una noche agónica y despertar por la mañana, cuando todo haya acabado. A veces hay que mirar los peores momentos desde las perspectivas más optimistas. Así que, pensemos en esta pesadilla como un juego en el que solo hay una regla: no huir. Si consigues aguantar hasta que amanezca, habrás ganado.

(Editado)

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