domingo, 18 de diciembre de 2011

Melona suicida

Vivir para esto... Para estar sucia y llena de tierra en el suelo, esperando a que me secuestre algún niño sinverguenza y me tire en medio de la carretera... Aun así, eso sería lo mejor que me podría pasar. Porque ahora nada tiene sentido. Ojalá, OJALÁ que alguien arrancara ya mis raíces, me partiera en dos y me devorase con un buen trozo de jamón de pata negra. Al menos así me sentiría útil por un momento. Pero no, me tienen olvidada y sola, asada de calor en este huerto, y el único ser humano con el que me relaciono viene y me acaricia de vez en cuando, pero solo lo hace para asegurarse de que aún no estoy madura, y luego me mira con indiferencia y se va a seguir tocando melones. Es terriblemente triste saber que solo voy a servir para algo cuando esté en la flor de la juventud, y que justo entonces, cuando mis rayas bicolor verdes sean las más hermosas del mundo de las frutas y hortalizas, todos me querrán. Todos querrán deleitarse con mi magnífico sabor: repartirán mi carne jugosa entre unos cuantos, y luego deshecharán mi pobre cuerpo roto, vacío y usado. Mientras espero a que llegue mi final, no me queda más remedio que dorarme al sol y charlar sobre estupideces con las falsas de las sandías de al lado, que encima me caen mal (¿pero qué se han creído, que están más buenas que yo?). Si tuviera una revista de esas de cotilleo y un buen cocktail (con mucho alcohol, para olvidar)... Así al menos podría pasar el rato mientras espero a mi terrible destino.