viernes, 2 de julio de 2010

Hace ya un tiempo que quiero escribir sobre esto, pero he sido bastante reacia a hacerlo hasta ahora porque creo que es demasiado violento... Aun así, vamos allá:

Bueno, el caso es que no puedo evitar pensar que hay gente que no está hecha para este mundo, personas que por algún motivo (que no tiene por qué ser ninguna enfermedad, ni nada físico) parecen estar completamente fuera de lugar. Es algo así como si la "selección natural" los hubiera destinado a la extinción, como si una especie de debilidad etérea los rodeara, delatando que esas personas no pertenecen al sitio donde están. Parece que estén destinados a abandonar este mundo de un momento a otro. No es que me haya propuesto inventar teorías sobre la existencia, es solo que a veces he tenido esa misma sensación al conocer a ciertas personas... Y, sinceramente, es una sensación muy desagradable... De repente te sorprendes a ti misma compadeciéndote de ellos, como si acabaran de decirte que se van a morir.

Sería muy reconfortante que alguien leyera esto y dijese: "Ala, a mí me ha pasado igual!", pero la verdad, no aspiro a ello. Solo espero que me perdonen por ser así de cruel.

miércoles, 30 de junio de 2010

Who - are - you?

¿Quién eres tú?

Buena pregunta. Ahora mismo, yo me definiría como alguien cuya vida gira en torno a la circulación vial. No, no es ninguna broma: hace dos días estuve a punto de ser atropellada por un guiri en moto, y ayer me ocurrió exactamente lo mismo, solo que esta vez lo que casi me llevó por delante fue un coche. Y en las dos ocasiones el semáforo estaba en verde para peatones, por lo que no dejo de darle vueltas al asunto... ¿He de morir atropellada por un automóvil que no respeta los semáforos? ¿Debería no salir de mi casa para evitar tener que cruzar la calle? Además, me estoy sacando el carné de conducir, y precisamente hoy he empezado las prácticas, así que cuando salgo no puedo evitar fijar toda mi atención en las señales verticales y en cómo aparcan los coches...

Realmente es algo de lo que uno debería compadecerse: tener dieciocho años y que la mayor preocupación de tu vida sea que no te arrolle un coche. La vida debería ser mucho más compleja! Necesitamos algo que nos remueva las entrañas, un sustento para el alma! Yo, al menos, aún sigo esperando ese día en que me despierte con la sensación de que hay algo por lo que merece la pena cruzar la calle, incluso a riesgo de morir atropellada.